Después de eso ya no volví a celebrar esta fiesta. Años más tarde, mi amigo Ernesto, que vivió una temporada en Estados Unidos, me animó a disfrazarme de nuevo. No estaba muy convencida por el hecho de ser una costumbre norteamericana, pero él se ocupó de demostrarme que Halloween era una celebración de raíces celtas y mucho más antigua de lo que yo pensaba. Nos embarcamos en la elaboración de nuestros disfraces y pasamos una noche muy divertida con unos cuantos amigos más.
Ahora que soy mamá, ya no me disfrazo yo, pero disfrazo a mi hijo. La idea del disfraz de este año surgió al ver una sudadera de forro polar naranja y pensé "para Halloween visto a Joan de calabacita".
Ha sido muy fácil. Corté las mangas y el bajo de la sudadera para hacerla un poco más pequeña y pasé una goma elástica por bajo para que quedara abombada. Por otro lado, tenia una camiseta verde de verano a la que le corté la parte de abajo dándole la forma de las hojas y pasé una goma elástica por la costura. De esta forma se puede poner y quitar como un collar. Así lo puedo utilizar para otros disfraces como, por ejemplo, de fresa. Por último cosí los ojos, nariz y boca de la calabaza con un retal de tela negra. Este es el resultado:
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Sudadera antes de reciclar |
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A falta de los últimos retoques |
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Noche de Halloween |
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